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El tiempo en campaña no se recupera: empezar tarde siempre pasa factura

Los problemas en una campaña electoral no suelen aparecer en la última semana, cuando ya no hay margen para corregir, sino mucho antes, cuando se decide postergar decisiones clave. A lo largo de distintas experiencias, hemos visto que las elecciones no se pierden por un error final, sino por todo lo que no se hizo cuando el escenario todavía estaba abierto. Una encuesta de línea base realizada a tiempo no está pensada para tranquilizar ni para confirmar optimismos, sino para comprender el punto de partida y diseñar una estrategia de crecimiento sostenido. Cuando se confunde intuición con estrategia y se deja pasar el tiempo, los indecisos se definen sin que el candidato participe en esa decisión. En política, el tiempo no es solo un recurso escaso: es el único que no se puede recuperar, y usarlo bien es una decisión estratégica desde el primer día.

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2/1/20263 min read

En campaña hay una frase que se repite con demasiada frecuencia, casi siempre cuando ya no hay nada que corregir: “nos faltó una semana más”. Aparece después de perder una elección, cuando el resultado es irreversible y solo queda buscar explicaciones. Sin embargo, la experiencia muestra algo distinto y mucho más directo: las campañas se pierden cuando se actúa tarde.

A lo largo de los años hemos acompañado campañas electorales muy distintas, pero hay un patrón que se repite: rara vez una campaña se pierde por decisiones de último momento, sino por todo lo que no se hizo cuando todavía había margen. El tiempo, en política, no es solo un recurso escaso, es el único que no se puede recuperar.

Hace algunos años acompañamos a un candidato que, con más de un año de anticipación a la elección decidió invertir en una encuesta de línea base. El escenario que mostraron los datos era típico de una contienda que recién comenzaba: tres candidatos con niveles similares de conocimiento, una intención de voto todavía muy preliminar y un porcentaje alto de indecisos. El candidato evaluado aparecía por encima del resto, sin una ventaja clara.

Desde el inicio fuimos muy claros en el diagnóstico. Esa encuesta no debía leerse como una señal de fortaleza, ni mucho menos como un indicador de triunfo. La intención de voto en ese momento no era el dato central. Lo importante era analizar el escenario para identificar el espacio del candidato y diseñar una estrategia de crecimiento sostenido. La encuesta mostraba una oportunidad, no un resultado.

Sin embargo, el candidato y su equipo, al verse en primer lugar, dedujeron que podían avanzar con base en su intuición. Si la encuesta decía que estaban arriba sin hacer campaña, ¿para qué invertir en una consultoría política? Les explicamos que, a un año de la elección, la intención de voto refleja poco más que el nivel de conocimiento, y que el verdadero valor de la encuesta era analizar el escenario. Aun así, decidieron avanzar sin una estrategia clara que capitalizara su posición inicial ni un esfuerzo sistemático por ocupar el espacio que dejaban los indecisos. Mientras tanto, el escenario, silenciosamente, comenzó a cerrarse.

Nos volvieron a llamar cuando faltaban pocos meses para la elección. Esta vez la preocupación no era estratégica, era intuitiva. “No nos están atacando en redes”, nos dijeron. “En el último debate casi no nos mencionaron”. Algo no cuadraba, aunque no podían explicarlo con claridad. Esa sensación —tan común en campañas que llegan tarde— fue la que los llevó a pedir una nueva encuesta.

El escenario había cambiado por completo. Los indecisos se habían reducido de forma drástica y la competencia ahora se concentraba entre otros dos candidatos. El candidato que estaba en cuarto lugar en la primera medición había logrado construir una ventaja clara y terminó ganando la elección, no por un golpe de último momento, ni por la magia de sus redes sociales, sino por haber trabajado con método mientras otros confiaban solo en su intuición.

La lección es dura, pero necesaria: el tiempo en campaña no se recupera. Una encuesta de línea base realizada a tiempo no sirve para tranquilizar al candidato ni para alimentar optimismos prematuros. Sirve para tomar decisiones cuando todavía es posible construir crecimiento real. Cuando se posterga el trabajo, cuando se confunde intuición con estrategia y cuando se espera a “ver cómo se mueven los otros”, el escenario se cierra sin avisar.

Si al leer este caso reconoces dilemas que hoy están sobre tu mesa, este puede ser un buen momento para detenerte, ordenar y pensar con calma los siguientes pasos. En Santa Mora & Asociados podemos acompañarte desde la evidencia y la experiencia. Escríbenos a hola@santamora.com.mx o a nuestro contacto en WhatsApp.